Punto de Victoria

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El après-gaming


Si alguno recuerda el artículo Evasión y Victoria, ya sabrá que el snowboard es, junto con los juegos de mesa, una de mis mayores pasiones. En aquel artículo comparaba la capacidad para evadirme de los problemas que ambas aficiones me aportan, motivo por el cual las disfruto tanto, entre otras muchas razones.

Hoy me ha venido a la cabeza la idea de este otro artículo donde nuevamente vuelvo a poner en común snowboard y juegos de mesa. El nexo esta vez se encuentra en el término francés aprés-ski. En los deportes de nieve este palabro se utiliza para denominar a las actividades que se realizan después de la agotadora práctica de surcar las cumbres bañadas en oro blanco, tales como cerveceo, tapeo, spa, paseo por la zona, un largo etcétera y, por supuesto, unas buenas partichuelas 😉 No me cansaré de decir que me gusta tanto la práctica del snowboard en sí como el apre-esquí (fórmula españolizada) asociado e indisoluble. Y esta sensación es exactamente la que he tenido hoy en una magnífica sesión vespertina. He disfrutado tanto con las partidas como con las charlas mantenidas a posteriori.

Ludoteca de cartesius

Mi humilde ludoteca

Hoy era la primera vez que visitaba la casa del anfitrión, y ya sabéis el ritual que esto conlleva: conocer la ludoteca, comentar ciertos juegos, asombrarse por algunos, intercambiar clásicos comentarios…

  • ¡Ahh! ¡Me encanta éste!
  • ¡Toma y a mí!. ¡Es que Wallace es la hostia!
  • No. ¡Querrás decir que es dios!
😉

Después llegan las partidas: se comentan, se exclama, se gruñe, se medita, se llora. Al final, alguien sonríe. Y entonces, se analizan: una buena acción, la jugada maestra, un movimiento divertido, otro absurdo, se culpa al kingmaker, se ponen excusas… El último turno acabó hace un rato pero la partida aún continúa.

Y el punto culmen llega al final de la sesión. Los componentes ya duermen en sus bolsas zip y las cajas reposan en sus estantes, pero sus almas siguen revoloteando por la habitación mientras seguimos parloteando sobre ellas. El tiempo corre y es hora de irse pero ahí seguimos filosofando a la vera de todo esa montaña de madera, cartón y plástico. La ludoteca se ha convertido en el Ágora del que ni Platón ni Aristóteles se quieren despedir.

  • El próximo día jugamos a éste.
  • ¡Ése es la caña!
  • ¿Conoces este otro?
  • No, ¡pero le tengo unas ganas!
  • Tenemos que quedar otro día para que lo pruebes.
  • Vale. Es de Wallace, así que seguro que me gusta 😉

Así que cuando alcanzas esas sensaciones que evocan el nirvana, llegas a la conclusión de que  el verdadero valor de esta afición es su factor social, esa conexión emocional que establece, que te llena, y por las cuales sabes que merece la pena.

En un patético arrebato de creatividad lingüística yo lo he bautizado como el après-gaming, pero ya sabéis que la nomenclatura es secundaria y estoy seguro de que todos entendéis a qué me refiero.

Dedicado a mi compañero de sesión de hoy por el buen rato pasado. Y al resto, claro.

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